sábado, 26 de marzo de 2011
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Decía Dolto que no se es maternal únicamente por brindar cuidados sino por tratar de entender a los niños. Como profesora que se gana la vida en las aulas de las escuelas secundarias bonaerenses, retomo la idea; además de transmitir algún conocimiento, (el clásico "programa"), lo qué está en juego es tratar de entender a los alumnos. Aunque a veces, frecuentemente, no entienda nada.
jueves, 10 de febrero de 2011
Historia, breve, de la basura
Corría la década del noventa, yo vivía aún en casa de mis padres, cuando una tarde un chico golpeó a la puerta. Vendía bolsas de basura de color verde para la basura orgánica y negro para plásticos, vidrio y reciclables. Me pareció buena idea y sin vacilar le compré dos paquetes de bolsas de ambos colores. Pero cuando le conté a mi familia se doblaron de risa y me informaron que había sido burdamente engañada. Nadie, nadie separa la basura y el color de la bolsa es un detalle sin la menor importancia. Era verdad, tuve que admitirlo, y no pasó mucho tiempo para que usáramos las bolsas blanquitas de los hipermercados para sacar nuestros desperdicios a la calle.
Hacia el año 2000 tuvimos que tomar nota del creciente número de cartoneros y vimos como miles de personas debía abrir una a una las bolsas de basura; aún así, en el interior de las casas continuamos tirando todo junto como siempre.
En el 2005 supe que existía algo llamado CEAMSE. Básicamente era una empresa que se dedicaba a enterrar basura en distintos lugares de la provincia de Buenos Aires. Lo supe porque había corrido la noticia de que un chico había sido asesinado dentro en uno de los predios de ese gigantesco basurero ubicado en José León Suarez. El chico se llamaba Diego Duarte, tenía unos quince años y había entrado de noche al predio del CEAMSE a cartonear cuando la seguridad había hecho que una máquina le arrojara encima unas cuantas toneladas de basura. Había muerto asfixiado y lo que era aún más escalofriante, su cuerpo había desaparecido en el basural. Recuerdo haber pegado afiche en la escuela, su familia reclamaba justicia.
El año pasado, Alicia Dujovne Ortiz escribió su historia. Hoy, Diego continúa desaparecido y el CEAMSE continúa enterrando basura, aunque ahora permite que los cartoneros entren una hora por día en una loca lucha contra el tiempo y los palos de la policía para sacar lo que puedan de toda esa hedionda mezcolanza. Apenas algunas plantas de reciclaje surgen aquí y allá, en manos de ONGs, punteros , personal del propio CEAMSE para rescatar algo de la incalculable basura industrial que puede ser reciclada. Nosotros, seguimos sin separar la basura y ellos siguen matando gente.
Hacia el año 2000 tuvimos que tomar nota del creciente número de cartoneros y vimos como miles de personas debía abrir una a una las bolsas de basura; aún así, en el interior de las casas continuamos tirando todo junto como siempre.
En el 2005 supe que existía algo llamado CEAMSE. Básicamente era una empresa que se dedicaba a enterrar basura en distintos lugares de la provincia de Buenos Aires. Lo supe porque había corrido la noticia de que un chico había sido asesinado dentro en uno de los predios de ese gigantesco basurero ubicado en José León Suarez. El chico se llamaba Diego Duarte, tenía unos quince años y había entrado de noche al predio del CEAMSE a cartonear cuando la seguridad había hecho que una máquina le arrojara encima unas cuantas toneladas de basura. Había muerto asfixiado y lo que era aún más escalofriante, su cuerpo había desaparecido en el basural. Recuerdo haber pegado afiche en la escuela, su familia reclamaba justicia.
El año pasado, Alicia Dujovne Ortiz escribió su historia. Hoy, Diego continúa desaparecido y el CEAMSE continúa enterrando basura, aunque ahora permite que los cartoneros entren una hora por día en una loca lucha contra el tiempo y los palos de la policía para sacar lo que puedan de toda esa hedionda mezcolanza. Apenas algunas plantas de reciclaje surgen aquí y allá, en manos de ONGs, punteros , personal del propio CEAMSE para rescatar algo de la incalculable basura industrial que puede ser reciclada. Nosotros, seguimos sin separar la basura y ellos siguen matando gente.
viernes, 21 de enero de 2011
El túnel
_Ah, ma, ¿te cuento algo de la colonia? Había un nene que estaba golpeando en el suelo con un palito. Y yo le pregunté qué estaba haciendo y él me dijo: "Hago un túnel para escapar de acá." Y yo le pregunté por qué y él me dijo "Porque no me gusta la colonia".
sábado, 15 de enero de 2011
Soy el que soy
_ Ma, ¿vos creés en Dios?
_ No
_Pensé que ibas a decir eso. Yo sí creo.
_¿Y qué es Dios?
_Dios es Dios.
_¿Y qué hace Dios?
_Dios diosea.
_ No
_Pensé que ibas a decir eso. Yo sí creo.
_¿Y qué es Dios?
_Dios es Dios.
_¿Y qué hace Dios?
_Dios diosea.
sábado, 1 de enero de 2011
1-1-11
Siempre pensé que la fiesta de Año nuevo era un exceso. ¿No es suficiente con celebrar el solsticio de verano con el banquete, el árbol y los misteriosos regalos? En la noche del 31, apenas cinco días después, hay que repetirlo todo o casi: los obsequios están ausentes lo cual le quita algo de interés a la vigilia, que se reduce a esperar los fuegos artificiales que, a medianoche, se supone, lanzarán los vecinos. Los chicos apenas probaron la comida y Miguel se durmió a las once, llorando de cansancio y, tal vez, de decepción, pues con dos años ¿qué se puede esperar de la noche de fin de año, salvo ser dejado en paz?
Por definición, el año 2011 será impar. Esperemos también algo de felicidad.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Como vida
Una de las actividades de las vacaciones es leerle a mi hijo Pinocho a razón de tres o cuatro capítulos por día. ¿Por qué me gusta tanto esta historia? Desde el principio, desde antes de ser un muñeco, el trozo de madera que será luego Pinocho está dotado de habla, lo cual causa espanto a más de unopero es lo que lo convierte en un muñeco maravilloso (¿no se asustan algunos niños de los títeres, de su imitación de lo viviente?). Durante la primera parte de la historia Pinocho se deja llevar por sus deseos, le encanta callejear, es inocente e ignorante, tiene buenos sentimientos. En la calle es víctima tanto de delincuentes que le roban y casi lo matan (pero, ¿se puede acaso, matar a un juguete?) como de la represión de la ley: sufre cuatro meses de cárcel por ser la víctima del robo (la portada del libro es la ilustración de Pinocho entre dos gendarmes) Pero a medida que pasa el tiempo y las desventuras, el amor por la Niña de Cabellos Azules hace crecer en él dos deseos: reencontrarse con su padre y transformarse en un niño.
Woody, el muñeco de Disney-Pixar, está obsesionado por el temor de ser extraviado, dejado de lado, olvidado, en fin, abandonado por su dueño niño. Woody no desea otra cosa que ser un muñeco con todas las de la ley. Él mismo, un sheriff, representa la ley, la ley de los juguetes: ser atesorado y acaso adorado por los niños, los que inventan y destruyen juguetes. Pero Pinocho es todo lo contrario, no teme lanzarse a la calle, aunque después se arrepienta, y sufrir los peligros de estar expuesto sin nadie que lo proteja. No teme Collodi incluir en su historia el tema de la muerte y sería un error dejarse llevar por la lectura primera en clave de moralina, es cierto que cada episodio podría resumirse en el esquema si no te portas bien, si no obedecés a tus padres, si no tomás la medicina, si no vas a la escuela... ¡te morís! Pero lo cierto es que en el texto, el gran tema de la muerte vuelve una y otra vez sin disimulos ni maquillaje, una de las grandes preocupaciones de los niños, que siempre quieren saberlo todo; uno de los grandes problemas de los padres, que, interrogados acerca de la muerte, deben aceptar el trago amargo de decir a sus hijos que no saben, que ellos también ignoran y desean saber y no tienen a nadie a quien preguntarle. Padres e hijos, adultos y niños se encuentran igualmente desvalidos frente a la gran monstruo, todos seremos devorados por la Ballena, pero antes, debemos aprender a vivir. Como Pinocho.
Woody, el muñeco de Disney-Pixar, está obsesionado por el temor de ser extraviado, dejado de lado, olvidado, en fin, abandonado por su dueño niño. Woody no desea otra cosa que ser un muñeco con todas las de la ley. Él mismo, un sheriff, representa la ley, la ley de los juguetes: ser atesorado y acaso adorado por los niños, los que inventan y destruyen juguetes. Pero Pinocho es todo lo contrario, no teme lanzarse a la calle, aunque después se arrepienta, y sufrir los peligros de estar expuesto sin nadie que lo proteja. No teme Collodi incluir en su historia el tema de la muerte y sería un error dejarse llevar por la lectura primera en clave de moralina, es cierto que cada episodio podría resumirse en el esquema si no te portas bien, si no obedecés a tus padres, si no tomás la medicina, si no vas a la escuela... ¡te morís! Pero lo cierto es que en el texto, el gran tema de la muerte vuelve una y otra vez sin disimulos ni maquillaje, una de las grandes preocupaciones de los niños, que siempre quieren saberlo todo; uno de los grandes problemas de los padres, que, interrogados acerca de la muerte, deben aceptar el trago amargo de decir a sus hijos que no saben, que ellos también ignoran y desean saber y no tienen a nadie a quien preguntarle. Padres e hijos, adultos y niños se encuentran igualmente desvalidos frente a la gran monstruo, todos seremos devorados por la Ballena, pero antes, debemos aprender a vivir. Como Pinocho.
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