viernes, 21 de enero de 2011

El túnel

_Ah, ma, ¿te cuento algo de la colonia?  Había un nene que estaba golpeando en el suelo con un palito.  Y yo le pregunté qué estaba haciendo y él me dijo:  "Hago un túnel para escapar de acá."  Y yo le pregunté por qué y él me dijo "Porque no me gusta la colonia".
¿Es Bolivia el país del futuro?

sábado, 15 de enero de 2011

Soy el que soy

_  Ma, ¿vos creés en Dios?
_ No
_Pensé que ibas a decir eso.  Yo sí creo.
_¿Y qué es Dios?
_Dios es Dios.
_¿Y qué hace Dios?
_Dios diosea.

sábado, 1 de enero de 2011

1-1-11


Siempre pensé que la fiesta de Año nuevo era un exceso.  ¿No es suficiente con celebrar el solsticio de verano con el banquete, el árbol y los misteriosos regalos?  En la noche del 31, apenas cinco días después, hay que repetirlo todo o casi:  los obsequios están ausentes lo cual le quita algo de interés a la vigilia, que se reduce a esperar los fuegos artificiales que, a medianoche, se supone, lanzarán los vecinos.  Los chicos apenas probaron la comida y Miguel se durmió a las once, llorando de cansancio y, tal vez, de decepción, pues con dos años ¿qué se puede esperar de la noche de fin de año, salvo ser dejado en paz?
Por definición, el año 2011 será impar.  Esperemos también algo de felicidad.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Como vida

Una de las actividades de las vacaciones es leerle a mi hijo Pinocho a  razón de tres o cuatro capítulos por día.  ¿Por qué me gusta tanto esta historia?  Desde el principio, desde antes de ser un muñeco, el trozo de madera que será luego Pinocho está dotado de habla, lo cual causa espanto a más de unopero es lo que lo convierte en un muñeco maravilloso (¿no se asustan algunos niños de los títeres, de su imitación de lo viviente?).  Durante la primera parte de la historia Pinocho se deja llevar por sus deseos, le encanta callejear, es inocente e ignorante, tiene buenos sentimientos.  En la calle es víctima tanto de delincuentes que le roban y casi lo matan (pero, ¿se puede acaso, matar a un juguete?) como de la represión de la ley: sufre cuatro meses de cárcel por ser la víctima del robo (la portada del libro es la ilustración de Pinocho entre dos gendarmes)  Pero a medida que pasa el tiempo y las desventuras, el amor por la Niña de Cabellos Azules hace crecer en él dos deseos:  reencontrarse con su padre y transformarse en un niño.
Woody, el muñeco de Disney-Pixar, está obsesionado por el temor de ser extraviado, dejado de lado, olvidado, en fin, abandonado por su dueño niño.  Woody no desea otra cosa que ser un muñeco con todas las de la ley.  Él mismo, un sheriff, representa la ley, la ley de los juguetes:  ser atesorado y acaso adorado por los niños, los que inventan y destruyen juguetes.  Pero Pinocho es todo lo contrario,  no teme lanzarse a la calle, aunque después se arrepienta, y sufrir los peligros de estar expuesto sin nadie que lo proteja. No teme Collodi incluir en su historia el tema de la muerte y sería un error dejarse llevar por la lectura primera en clave de moralina, es cierto que cada episodio podría resumirse en el esquema si no te portas bien, si no obedecés a tus padres, si no tomás la medicina, si no vas a la escuela... ¡te morís!  Pero lo cierto es que en el texto, el gran tema de la muerte vuelve una  y otra vez sin disimulos ni maquillaje, una de las grandes preocupaciones de los niños, que siempre quieren saberlo todo; uno de los grandes problemas de los padres, que, interrogados acerca de la muerte, deben aceptar el trago amargo de decir a sus hijos que no saben, que ellos también ignoran y desean saber y no tienen a nadie a quien preguntarle. Padres e hijos, adultos y niños se encuentran igualmente desvalidos frente a la gran monstruo, todos seremos devorados por la Ballena, pero antes, debemos aprender a vivir. Como Pinocho.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Literatura infantil

"_¡Cuando el muerto llora, es señal de que está en vías de curación!_dijo solemnemente el Cuervo.
_Lamento contradecir a mi ilustre amigo y colega _intervino el Mochuelo_; para mí, si el muerto llora, es señal de que no le gusta morir."

Carlo Collodi.  Las aventuras de Pinocho

Lágrimas

Odio los exámenes.  Detesto las "comisiones evaluadoras"  llenas de hipocresía, falsas exigencias y consignas ridículas (¡no usen la calculadora!)  Me siento como un gusano cuando un alumno, de primer año, se pone a llorar porque no lo apruebo.  ¡Por favor, no llores!  ¡Ay!  ¿Cuándo acabará todo esto?