miércoles, 20 de abril de 2011
Tecnología sí, libros no.
La repartija de netbook a alumnos y docentes secundarios se da de bruces con la realidad de las escuelas sin personal, con decorados carcelarios, cada docente laburando quinientas horas en una docena de escuelas en todos los turnos posibles, amén del llamado "plan mejoras" que consiste en clases de apoyo por contratos precarios y pagadas en negro por el propio Estado. Nadie se puede jactar de estar mejorando en nada la educación pública bonaerense.
sábado, 2 de abril de 2011
Rezo por vos
Hay gente que reza en Facebook. Es decir, hay gente pide cosas a Dios en el muro de Facebook . Si rezar es condensar los deseo en un sintagma, en una oración, entonces ,¿es Facebook el nuevo territorio de los deseos?
viernes, 1 de abril de 2011
Balada del solidario
Se podrá discutir mi erudición ornitológica y la eficacia de mis aperturas de ajedrez. Nunca faltará algún zopenco que niegue la exactitud astronómica de mis horóscopos ¡pero eso sí! a nadie se le ocurrirá dudar, ni un solo instante, de mi perfecta, de mi absoluta solidaridad.
¿Una colonia de microbios se aloja en los pulmones de una señorita? Solidario de los microbios, de los pulmones y de la señorita. ¿A un estudiante se le ocurre esperar el tranvía adentro del ropero de una mujer casada? Solidario del ropero, de la mujer casada, del tranvía, del estudiante y de la espera.
A todas horas de la noche, en las fiestas patrias, en el aniversario del descubrimiento de América, dispuesto a solidarizarme con lo que sea, víctima de mi solidaridad.
Inútil, completamente inútil, que me resista. La solidaridad ya es un reflejo en mí, algo tan inconsciente como la dilatación de las pupilas. Si durante un centésimo de segundo consigo desolidarizarme de mi solidaridad, en el centésimo de segundo que lo sucede, sufro un verdadero vértigo de solidaridad.
Solidario de las olas sin velas... sin esperanza. Solidario del naufragio de las señoras ballenatos, de los tiburones vestidos de frac, que les devoran el vientre y la cartera. Solidario de las carteras, de los ballenatos y de los fraques.
Solidario de los sirvientes y de las ratas que circulan en el subsuelo, junto con los abortos y las flores marchitas.
Solidario de los automóviles, de los cadáveres descompuestos, de las comunicaciones telefónicas que se cortan al mismo tiempo que los collares de perlas y las sogas de los andamies.
Solidario de los esqueletos que crecen casi tanto como los expedientes; de los estómagos que ingieren toneladas de sardinas y de bicarbonato, mientras se van llenando los depósitos de agua y de objetos perdidos.
Solidario de los carteros, de las amas de cría, de los coroneles, de los pedicuros, de los contrabandistas.
Solidario por predestinación y por oficio. Solidario por atavismo, por convencionalismo. Solidario a perpetuidad. Solidario de los insolidarios y solidario de mi propia solidaridad.
Oliverio Girondo
Espantapájaros 23
¿Una colonia de microbios se aloja en los pulmones de una señorita? Solidario de los microbios, de los pulmones y de la señorita. ¿A un estudiante se le ocurre esperar el tranvía adentro del ropero de una mujer casada? Solidario del ropero, de la mujer casada, del tranvía, del estudiante y de la espera.
A todas horas de la noche, en las fiestas patrias, en el aniversario del descubrimiento de América, dispuesto a solidarizarme con lo que sea, víctima de mi solidaridad.
Inútil, completamente inútil, que me resista. La solidaridad ya es un reflejo en mí, algo tan inconsciente como la dilatación de las pupilas. Si durante un centésimo de segundo consigo desolidarizarme de mi solidaridad, en el centésimo de segundo que lo sucede, sufro un verdadero vértigo de solidaridad.
Solidario de las olas sin velas... sin esperanza. Solidario del naufragio de las señoras ballenatos, de los tiburones vestidos de frac, que les devoran el vientre y la cartera. Solidario de las carteras, de los ballenatos y de los fraques.
Solidario de los sirvientes y de las ratas que circulan en el subsuelo, junto con los abortos y las flores marchitas.
Solidario de los automóviles, de los cadáveres descompuestos, de las comunicaciones telefónicas que se cortan al mismo tiempo que los collares de perlas y las sogas de los andamies.
Solidario de los esqueletos que crecen casi tanto como los expedientes; de los estómagos que ingieren toneladas de sardinas y de bicarbonato, mientras se van llenando los depósitos de agua y de objetos perdidos.
Solidario de los carteros, de las amas de cría, de los coroneles, de los pedicuros, de los contrabandistas.
Solidario por predestinación y por oficio. Solidario por atavismo, por convencionalismo. Solidario a perpetuidad. Solidario de los insolidarios y solidario de mi propia solidaridad.
Oliverio Girondo
Espantapájaros 23
sábado, 26 de marzo de 2011
Volver
Decía Dolto que no se es maternal únicamente por brindar cuidados sino por tratar de entender a los niños. Como profesora que se gana la vida en las aulas de las escuelas secundarias bonaerenses, retomo la idea; además de transmitir algún conocimiento, (el clásico "programa"), lo qué está en juego es tratar de entender a los alumnos. Aunque a veces, frecuentemente, no entienda nada.
jueves, 10 de febrero de 2011
Historia, breve, de la basura
Corría la década del noventa, yo vivía aún en casa de mis padres, cuando una tarde un chico golpeó a la puerta. Vendía bolsas de basura de color verde para la basura orgánica y negro para plásticos, vidrio y reciclables. Me pareció buena idea y sin vacilar le compré dos paquetes de bolsas de ambos colores. Pero cuando le conté a mi familia se doblaron de risa y me informaron que había sido burdamente engañada. Nadie, nadie separa la basura y el color de la bolsa es un detalle sin la menor importancia. Era verdad, tuve que admitirlo, y no pasó mucho tiempo para que usáramos las bolsas blanquitas de los hipermercados para sacar nuestros desperdicios a la calle.
Hacia el año 2000 tuvimos que tomar nota del creciente número de cartoneros y vimos como miles de personas debía abrir una a una las bolsas de basura; aún así, en el interior de las casas continuamos tirando todo junto como siempre.
En el 2005 supe que existía algo llamado CEAMSE. Básicamente era una empresa que se dedicaba a enterrar basura en distintos lugares de la provincia de Buenos Aires. Lo supe porque había corrido la noticia de que un chico había sido asesinado dentro en uno de los predios de ese gigantesco basurero ubicado en José León Suarez. El chico se llamaba Diego Duarte, tenía unos quince años y había entrado de noche al predio del CEAMSE a cartonear cuando la seguridad había hecho que una máquina le arrojara encima unas cuantas toneladas de basura. Había muerto asfixiado y lo que era aún más escalofriante, su cuerpo había desaparecido en el basural. Recuerdo haber pegado afiche en la escuela, su familia reclamaba justicia.
El año pasado, Alicia Dujovne Ortiz escribió su historia. Hoy, Diego continúa desaparecido y el CEAMSE continúa enterrando basura, aunque ahora permite que los cartoneros entren una hora por día en una loca lucha contra el tiempo y los palos de la policía para sacar lo que puedan de toda esa hedionda mezcolanza. Apenas algunas plantas de reciclaje surgen aquí y allá, en manos de ONGs, punteros , personal del propio CEAMSE para rescatar algo de la incalculable basura industrial que puede ser reciclada. Nosotros, seguimos sin separar la basura y ellos siguen matando gente.
Hacia el año 2000 tuvimos que tomar nota del creciente número de cartoneros y vimos como miles de personas debía abrir una a una las bolsas de basura; aún así, en el interior de las casas continuamos tirando todo junto como siempre.
En el 2005 supe que existía algo llamado CEAMSE. Básicamente era una empresa que se dedicaba a enterrar basura en distintos lugares de la provincia de Buenos Aires. Lo supe porque había corrido la noticia de que un chico había sido asesinado dentro en uno de los predios de ese gigantesco basurero ubicado en José León Suarez. El chico se llamaba Diego Duarte, tenía unos quince años y había entrado de noche al predio del CEAMSE a cartonear cuando la seguridad había hecho que una máquina le arrojara encima unas cuantas toneladas de basura. Había muerto asfixiado y lo que era aún más escalofriante, su cuerpo había desaparecido en el basural. Recuerdo haber pegado afiche en la escuela, su familia reclamaba justicia.
El año pasado, Alicia Dujovne Ortiz escribió su historia. Hoy, Diego continúa desaparecido y el CEAMSE continúa enterrando basura, aunque ahora permite que los cartoneros entren una hora por día en una loca lucha contra el tiempo y los palos de la policía para sacar lo que puedan de toda esa hedionda mezcolanza. Apenas algunas plantas de reciclaje surgen aquí y allá, en manos de ONGs, punteros , personal del propio CEAMSE para rescatar algo de la incalculable basura industrial que puede ser reciclada. Nosotros, seguimos sin separar la basura y ellos siguen matando gente.
viernes, 21 de enero de 2011
El túnel
_Ah, ma, ¿te cuento algo de la colonia? Había un nene que estaba golpeando en el suelo con un palito. Y yo le pregunté qué estaba haciendo y él me dijo: "Hago un túnel para escapar de acá." Y yo le pregunté por qué y él me dijo "Porque no me gusta la colonia".
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